sábado, 5 de septiembre de 2015

Ortega sin pasamontañas.


Hace unos meses me encontré a un ex oficial de la Policía Nacional.  Aunque no tenía la edad de retiro había sido forzado a abandonar la institución por haber cuestionado el reclutamiento de pandilleros para realizar operativos de violencia política.  Él era miembro de un grupo policial que trabajaba para que los jóvenes abandonaran la vida de delito y violencia. Cuando reclamó, se dió cuenta que dicho reclutamiento se hacía por decisión y con participación de oficiales superiores. Así terminó su vida como policía.

Samir Matamoros, quien disparó contra quienes protestaban el miércoles recién pasado, era uno de esos jóvenes que por su trabajo, el de organizaciones de la sociedad civil o iglesias había pasado de la vida de pandillero a una de activista social. Pero, cuando Ortega decidió que la represión policial directa no le convenía, sino que era mejor lanzar a la calle grupos de pandilleros armados contra la oposición, fuerzas de la Juventud Sandinista, los CPC y aún oficiales de la Policía Nacional se lanzaron a reclutarlos.

No es nueva esa forma de operar.  Se hace desde el 2008. Son los mismos grupos que llevados en buses atacaron a manifestantes de la oposición en Metrocentro y destruyeron vehículos hasta de medios de comunicación.  Son los mismos que fueron lanzados contra manifestantes en León por el secretario político del FSLN y en Managua, en diversas ocasiones. Son los mismos que participaron junto a tropas policiales en el operativo contra los "viejitos" que demandaban su pensión reducida y contra los jóvenes del movimiento OcupaInss que los respaldaban.  Es el modus operandi de la familia Ortega: hablan de amor y mandan a otros a ejecutar actos criminales, para pretender que tienen las manos limpias. 

Lo nuevo ahora, es que el pasamontañas de Ortega se cayó completamente.  En menos de 24 horas, todos sabíamos que Samir Matamoros es un antiguo miembro de los grupos de choque del orteguismo. El tirador y el motorizado que lo sacó del sitio, fueron identificados en las redes sociales y por participantes en la protesta del miércoles. Los otros del grupo y los motorizados que andaban con bates y garrotes también están registrados.  La complicidad policial al más alto nivel quedó absolutamente a la vista, al no mover un dedo frente al hecho. Todo quedó fotografiado, grabado en video y ha sido visto por miles de nicaragüenses.

La Policía hizo como que actuaba, capturándolo solo para protegerlo y organizarle la coartada que desde la cúpula del poder se ha fraguado: hoy Matamoros acusa a Mónica Zalaquet directora del CEPREV una organización que trabaja en la prevención de la violencia y en la rehabilitación de pandilleros, como la persona que lo mandó a realizar ese tiroteo dizque para atizar la protesta política.  Ortega y la jefatura policial saben que esa acusación contra Zalaquett no se sostiene en pie.  Con ello, solo pretende desviar la atención del rostro de Ortega desenmascarado. 

Ahora le queda claro a los vecinos de los barrios de Managua, por qué la Policía es incapaz de actuar contra pandillas violentas que cada semana son responsables de algún crimen como el de la niña Brithany J. Mora Tinoco, de siete meses o Ian Alexander Escobar de 14 años, ambos asesinados en medio de un pleito de pandillas.  La impunidad es parte del trato ofrecido por Ortega a esos pandilleros violentos.  Eso explica que alguien como Matamoros, con un amplio y conocido curriculum delictivo, condenado en ausencia,  haya andado tranquilamente en la calle.

Esos grupos de pandilleros violentos que tienen amenazados a los vecinos de los barrios, que violan muchachas, que destruyen viviendas, que le hacen la vida imposible a las personas, que venden drogas, son protegidos por el poder político y eso incluye a la Policía Nacional.

El trato de Ortega es simple: ellos cumplen tareas de violencia política y a cambio pueden ejercer poder en los territorios, en las comunidades, en los barrios. Eso lo saben todos los oficiales policiales. Por eso ni se mosquearon cuando vieron a Matamoros, un viejo conocido, disparar contra los manifestantes que demandaban elecciones limpias y honestas.

La acusación contra Mónica Zalaquett es solo la cortina de humo que Ortega y la jefatura policial necesitan. Es como el truco que usan los magos para distraer la atención del público hacia otro lado, mientras arreglan el escenario a su gusto. Solo que en este caso, no les sirve. Todo ha sido demasiado burdo y la caída de la máscara de Ortega ha sido vista y está siendo vista por todos.

Managua, 5 de septiembre de 2015