viernes, 5 de diciembre de 2014

Insensibles e incapaces: el CSE en la renovación de cédulas.



El jueves estuve tramitando mi nueva cédula en el local del Servigob que tiene habilitado el Consejo Supremo Electoral (CSE).  Llegué a las nueve de la mañana y la cola ya era de más de 300 metros. Cuando llegué al punto de la verificación de datos y la toma de la fotografía, llevábamos 5 horas, de pie, bajo un sol con sensación térmica de por lo menos 40 grados en la cabeza.

En la eterna fila había centenares de personas de la tercera edad, algunos enfermos en mala condición, otros se agotaban con la espera, a pesar que les habilitaron una fila especial que caminaba casi tan lenta como la del resto. La mayoría, sin información, urgidos de tramitar sus papeles para poder cobrar la pensión de jubilados.

En mi lado, había un joven empresario, un emprendedor, que posee sus tramos en el Mercado Oriental; una joven trabajadora a quien le habían quitado el día de trabajo por estar ahí, otras que habían dejado sus pequeños negocios, trabajadores por cuenta propia que estaban perdiendo el día, una monja, una maestra con problemas de presión arterial y una pareja, que después de dos horas de fila fue informada que su trámite era distinto y en otra parte.

Todos, incluyéndome, afirmábamos que estábamos siendo atracados, obligados a pagar 300 córdobas por la nueva cédula, que debería sernos entregada gratuitamente, pues para eso pagamos impuestos.  Los cálculos los hacían en altas y claras voces. Según el CSE faltan 1 millón de nicaragüenses de tramitar su renovación a 300 cada uno, son 300 millones de córdobas decía una joven comerciante.  En realidad, la cédula no cuesta 300, cuesta eso más el salario o el precio del trabajo del día perdido.  Ahí se fue la cena de navidad de la mayoría de quienes estaban en la fila.  Y al presidente no le importa por que él está arriba, decía una comercianta.  Entre más arriba, le respondí, más dura será la caída. Así, entre protestas, historias y risas, transcurrieron nuestras cinco horas.

Durante tanto tiempo hubo lugar para sacar otros cálculos.  En el Servigob, como constatamos después, solamente pueden atender un poco más de 800 personas por día.  Según un funcionario, la fábrica estaba topada haciendo el plástico que le demandaban.  Esa oficina tiene muchos puntos para tomar la foto y verificar papeles y aún así, con toda la amabilidad de los funcionarios, no pueden atender más personas por día. Si el CSE tiene, en el país, unas 20  veces la capacidad del Servigob, solamente podrían atender 16,000 personas por día. A ese paso, sin descansar ni sábado, ni domingo, ni día feriado alguno, terminaría de resolver su problema en 63 días corridos.

Así que los diputados orteguistas y los del CSE, que con tanta insensibilidad se han negado a conceder una prorroga,  por que a ellos les fueron a dejar la cédula en su mano y gratuitamente, son unos irresponsables e ineficientes.  El CSE no está en capacidad de resolver su retraso en lo que falta para el 31 de diciembre.  Llegará a marzo al ritmo que lleva y no por culpa de la ciudadanía. El CSE que tiene los resultados de las elecciones antes de que se realicen, es incapaz de organizar un procedimiento menos cruel para las personas de la tercera edad o una convocatoria por fecha de vencimiento.  Es simplemente incapaz de cuadrar una cuenta, de tanto que se han acostumbrado a inventarlas.

Así opera este régimen en todo. Hay una orden que viene de arriba y se tiene que cumplir, aunque sea incumplible, a cualquier precio. El precio lo paga el pueblo.

Terminamos nuestro trámite poco antes de las cuatro de la tarde. Ya los cohetes de las purísimas gubernamentales habían comenzado a sonar, pues para el gobierno el trabajo termina a las dos de la tarde. A nosotros, los de la fila del día, todavía nos espera otra cola para ir a recoger el plástico.

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