sábado, 21 de junio de 2014

Los héroes olvidados. Los cínicos celebrados.

 https://www.flickr.com/photos/doramariatellez/sets/72157634929782508/
 Llegamos a los meses de junio y julio, profusos en fechas conmemorativas de las acciones de la última etapa de la lucha contra la dictadura somocista, la etapa de la insurrección final.

En aquellas acciones participaron miles de combatientes, mujeres y hombres, jóvenes casi adolescentes, con los ideales de acabar con la falta de libertades políticas, el hambre y la miseria que acosaban a la inmensa mayoría del pueblo nicaragüense. Muchos de ellos y ellas no lograron ver el triunfo de la revolución, no vivieron para ver crecer a sus hijos e hijas, o para seguir sus aspiraciones profesionales o laborales, o simplemente construir su vida a su manera.

Otros miles de jóvenes, una nueva generación, se vió envuelta en una guerra, para defender la revolución o para adversarla. Todos combatieron en nombre de la libertad, los derechos políticos, económicos y sociales del pueblo nicaragüense: el derecho a tener una vida digna, a contar con empleo, a no ser discriminado por nadie, a tener iguales oportunidades, a tener libertades. De un lado y otro, esos eran los objetivos, aunque para cada quien la importancia de unos derechos fuese mayor que otra.

Al fin, la guerra terminó.  Las armas se guardaron o se enterraron. Han pasado más de treinta años y los caídos no cuentan con un memorial digno, un memorial nacional (no de una facción política) que les otorgue respeto y consideración de la sociedad, que represente el agradecimiento por su entrega, por su lucha y que también nos recuerde quiénes somos, de dónde venimos.

A los sobrevivientes, no les va mejor. La mayoría llegan ya casi a la edad de la jubilación, pero no la tendrán. Quienes estuvieron en el Ejército Popular Sandinista no tienen cotizaciones en el INSS ni los cubre ninguna otra institución. Muchos tienen secuelas de lesiones y heridas de guerra, sin ser atendidos con la dedicación y especialidad que merecen. Otros viven en extrema pobreza o tienen alguna discapacidad y dependen de sus familiares, en condición precaria. Muchos mueren olvidados y abandonados.


Después de muchas vueltas, presiones, tranques, luchas, se aprobó la Ley 830 en la Asamblea Nacional y se publicó en La Gaceta en febrero de 2013. Cubre a todos los sectores y establece un listado de derechos, comisiones, instituciones y procedimientos a cumplir. Aunque la ley no es buena, pues no es categórica con el otorgamiento de derechos, al menos podría representar una oportunidad para los ex-combatientes que están esperando que se cumplan promesas y compromisos firmados por éste y los otros gobiernos que han pasado, desde el final de las guerras en 1990.

Pero, el oficialismo orteguista, presionado para aprobar la ley, le metió una trampa. La ley sólo se puede aplicar si se reglamenta. Después de 16 meses, aún no se ha elaborado, ni aprobado reglamento alguno, pretexto utilizado en todas las instituciones para no cumplir con lo establecido. Ni el inconstitucional Ortega, ni la directiva de la Asamblea Nacional han hecho nada por reglamentar la ley, pues la aprobaron para no aplicarla.

Ortega desfila cínico, montado en su Mercedes Benz, durante un show alusivo al Repliegue, pero no ha firmado el Reglamento de la Ley 830.

Los héroes olvidados, marginados, discriminados. Los cínicos celebrados y celebrando. Es la naturaleza del régimen actual, tan parecido al derrocado en julio de 1979. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Haga sus comentarios con libertad y respeto. Aquellos comentarios con lenguaje ofensivo para cualquier persona son suprimidos automáticamente.