miércoles, 30 de octubre de 2013

Despedida a don Luis Carrión M.


Conocí a don Luis Carrión Montoya pocos meses después del triunfo de la revolución.  Hombre de una enorme energía y vitalidad, estaba entonces iniciando su etapa de funcionario público, luego de haber pasado la mayor parte de su vida en el mundo empresarial de las finanzas y el comercio.  Había acompañado a su hija y a sus dos hijos en las riesgosas vueltas de la lucha contra la dictadura de Somoza y ahora estaba convencido que era la oportunidad para hacer cambios en Nicaragua.  Así pasó aquellos años en la construcción del sistema financiero nacional, de propiedad estatal. Había trascendido la visión meramente empresarial y adoptado una desde la perspectiva del interés nacional.   Luego, retirado ya, mantenía su actividad escribiendo y publicando sus poemas y otros textos, cultivando sus aficiones y opinando en privado y en público sobre lo que pasaba en el país. 

Yo siempre disfruté su sentido del humor y su agudeza, agradecí el poema que me dedicó y me impresionó que la última vez que lo ví, hace unas semanas, recordara aún, una vieja anécdota de la época de la toma de León, durante la insurrección final.  No hace mucho tiempo, en el 2000, entrevistado por Danilo Aguirre Solís, dejó su último consejo político: ¡Fíjense por quien votan!

Me despido así de don Luis Carrión M. y transcribo a continuación, la carta de despedida que Luis, su hijo, escribió para su funeral.


Popa. Mi último adiós

Luis Carrión C.




Papá, pueta, popa, te fuiste por fin, después de 93 años bien vividos, bien bailados.  La copa de tu vida la apuraste hasta el fondo, y si algunas gotas quedaron adheridas a los bordes fue solamente porque no las quisiste.  Genio y figura inspiraste grandes amores, emprendiste dispares aventuras y nunca te acogiste a la pasividad que es considerada el signo de la vejez.  En ese sentido, mientras las fuerzas no te abandonaron por completo, fuiste un joven de ochenta y tantos años.

No fuiste un “dechado de virtudes, eras brusco y mandón, ni tampoco fuiste un modelo de marido, a tus hijos no nos tocaste hasta que cumplimos 6 meses,  y sin embargo a lo largo de tu prolongada vida siempre te redimiste por el amor.  A los 60 años nos regalaste una 
hermana inesperada, Giselle, que vino a completar nuestra familia.

Todo lo que emprendiste lo tocaste con tu pasión abarcadora, tu trabajo, tu familia, los gallos y los caballos, los Ranchos, la política y sobre todo tus amores.  Por sobre todo el amor a nosotros, tus hijos que te llevó muchas veces a visitar la morgue a ver si alguno de nosotros se encontraba entre los cadáveres ahí reunidos, o la cárcel para tratar de rescatar a Capeto antes de que lo mataran.  Nunca fuiste más feliz que cuando nos encontraste vivos y enteros aquel inolvidable 19 de julio.

Siempre quisiste lo mejor para nosotros aunque a veces no estuviéramos de acuerdo con tus ideas, pero nunca nos fallaste y siempre estuviste a nuestro lado.  Tuvimos desacuerdos y contradicciones pero nunca dejaste de estar orgulloso de nosotros,  tus hijos, y se lo decías a todo el mundo.  Jamás te dejaste dominar por el resentimiento y la amargura.  Por eso estaremos permanentemente agradecidos. Y cuando todos nos hicimos revolucionarios, abriste tu mente y abrazaste la revolución que negaba todo lo que habías sido con la convicción que te caracterizaba.

Te confieso que yo también me sentía muy orgulloso de vos y solo lamento que  nunca te lo dije.

Nos legaste tu honestidad inquebrantable, tu infinito amor por la vida, tu empuje para emprender sin pausa nuevas aventuras, tu sentido de lealtad con todos, familia y amigos, tu capacidad de repensar y cambiar tus ideas y convicciones para explorar nuevos caminos, y el amor que nos diste que se revirtió en el amor con que te rodeamos hasta el final de tus días. 

Te negaste a dejarte encasillar en cualquier estereotipo, pues los representaste a todos y todos los rompiste.  Siempre querías ser el centro de la atención y monopolizar la conversación, y nunca te quedaste callado cualquiera que fuese la ocasión.  Creo que hablar era lo que más te gustaba, después de enamorarte.  Siempre estuviste consciente de tus exabruptos y pedías perdón con rosas y poemas.

Nunca te ufanaste de tus triunfos y tampoco pediste perdón por tus defectos.  Recorriste tu camino fiel a vos mismo, sin hipocresías ni mentiras.  Amaste y fuiste amado.  Te fuiste sin lamentar nada porque todo lo probaste y serás recordado por mucho tiempo.  Papá gracias por tu vida, por tu amor y por el orgullo que sentimos de ser tus hijos.   

Dale un beso a la Chacha, a la Chita y Papa Beto y  deciles Misión Cumplida.