miércoles, 21 de noviembre de 2012

El rostro de la represión bajo la sonrisa del afiche.



Dora María Téllez

Mientras policías y antimotines invadían un caserío, culateaban y garroteaban a jóvenes y adultos, pateaban y detenían a numerosas personas, una mujer gritaba ¡Queremos agua y luz, es agua y luz lo que queremos. Lo que tenemos es agua contaminada!  Es una comunidad en San Jacinto, en el departamento de León, que tuvo la suerte de tener vapor suficiente para generar energía, que se asentara un gran proyecto, aunque ellos siguen tan pobres como siempre, aunque con la esperanza de mejorar un poco sus vidas, luchando por agua limpia y luz, servicios básicos esenciales. El régimen de Ortega consideró que una protesta comunitaria por agua y luz es un terrible delito que había que castigar duramente y lanzó tropas de la policía y la brigada de antimotines.

En otra parte, en el mismo departamento de León, un grupo de mujeres angustiadas por su seguridad  y la de sus familias, demandaron acciones para garantizar que el suelo, en el que tienen sembradas sus casitas, no se hundirá en los antiguos socavones de una explotación  minera, como sucedió hace unos días con Blanca Aracelly Sánchez, una muchacha de veintiocho años embarazada, que murió sepultada. Las mujeres demandan reubicación en un sitio más seguro.  Pelean por su derecho a la vida, un derecho humano esencial. Pero el régimen de Ortega consideró que era un terrible delito y envió la brigada de antimotines a perseguir a las mujeres, llenar de lacrimógenas la comunidad afectando a niños y niñas, disparar balas de goma causando varios heridos, capturar y detener a pobladores y sindicalistas.

En Nueva Guinea, el día domingo recién pasado, pobladores protestaban por el fraude electoral que se cometió contra ellos en las pasadas elecciones municipales. Estaban acampados en el parque, mientras la ciudad se llenaba de policías y antimotines, que cerca de las cinco de la tarde conjuntamente con grupos de pandilleros orteguistas, los atacaron. De nuevo, hubo profusión de bombas lacrimógenas, disparos, patadas, culateados, golpeados, hombres, jóvenes y adolescentes heridos, lesionados y llevados a punta de garrote a celdas y vehículos policiales. Todo por demandar que los resultados de la elección sean los verdaderos, que sus votos realmente valgan como dice la Constitución. El régimen de Ortega considera que las protestas de San Nicolás, Darío, El Almendro, Matiguás y Nueva Guinea, por el derecho al voto, son un terrible delito, son inadmisibles.

Y en Waspam, la gente protestó por el elevadísimo precio de la energía eléctrica, demanda que no resolvió el régimen, y donde no pudo mandar antimotines pues el aeropuerto estaba tomado por la población.  

Todo esto sucedió en las últimas dos semanas. Ortega mostrando la represión, la verdadera naturaleza de su régimen. La feroz actuación policíal evidenciando que lo que fue una institución de servicio a la población, ha sido liquidada, para dar paso a una policía familiar, dispuesta a mantener el "orden" que el régimen necesita, a cualquier costo. Es el rostro de la represión bajo la sonrisa, siempre presente, en los afiches de Ortega y su esposa.

Así reaccionaba el somocismo en su crisis. Los que reprimían y los que los mandaban a reprimir, creían que eran eternos, que con golpes suficientemente duros, habría silencio. Pero no hubo entonces, ni lo habrá ahora. Así lo está demostrando el pueblo nicaragüense.






miércoles, 14 de noviembre de 2012

Dos mensajes del pueblo a la oposición.


Aunque aún no han concluido las protestas y los reclamos, nos toca reflexionar sobre los mensajes recibidos en este proceso electoral municipal.

Diez días después de las votaciones municipales ha quedado claro, de nuevo, su naturaleza y resultados fraudulentos. Todos, quienes votaron y quienes no votamos, somos testigos del arsenal de métodos de fraude utilizados por la cúpula del Poder Electoral, los miembros orteguistas de las JRV y sus aliados. Es claro que el sistema electoral ha colapsado, que está podrido de arriba hasta abajo.  Si queremos una elección con alta participación, limpia y transparente, habrá que cambiar la cabeza, liquidar el control orteguista de todo el aparato electoral y cambiar las reglas que dejan espacio al fraude.

Ese es el primer mensaje claro que está puesto sobre la mesa. Lo han colocado ahí, candidatos y candidatas que han podido demostrar, con actas en mano, que les están robando la elección, de manera completamente descarada. Y es el mismo mensaje de quienes se abstuvieron por la falta de credibilidad en el sistema electoral.

En enero, el orteguismo tendrá, prácticamente la totalidad del poder institucional, sin legalidad, sin legitimidad.  Frente a esa realidad, la mayoría del pueblo está clamando por la unidad de la oposición,  como una necesidad para enfrentar el sistema autoritario que hostiga a los nicaragüenses en sus comunidades, en sus trabajos, en todas partes.  Este es un mensaje directo y claro.

Después de estas votaciones, lo que está en la agenda es la urgencia de la unidad de todas las fuerzas políticas y sociales opositoras y el cambio del podrido sistema electoral.  No es tarea fácil, pero hay que estar preparados para apartar las diferencias y apuntalar con fuerza las coincidencias.  Es el único camino posible y deseable para lograr que Nicaragua deje de estar confiscada por una facción política familiar corrupta.

Los mensajes fueron dados, el reto está en nuestras manos.

jueves, 1 de noviembre de 2012

Votar o no votar. Un falso dilema.


Desgraciadamente, votar o no votar es el dilema que nos planteamos en estos días previos al próximo domingo 4 de noviembre.  Ese dilema no existiría, de no haberse cometido dos gigantescos fraudes electorales, en 2008 y en 2011. No habría duda en ir a votar, si el sistema electoral fuese independiente y honesto, si las elecciones fuesen transparentes y limpias, si la competencia fuese justa.

Pero estas no son elecciones, sino el acto necesario de consagración de la voluntad de la familia que concentra el poder en Nicaragua que ya anunció que va por más del ochenta por ciento de las municipalidades, con los votos o sin los votos, en una cuenta que ya tienen registrada en sus libretas, los funcionarios ilegales del desprestigiado Poder Electoral. 

"Tal vez les dejamos unas diez alcaldías" se ufanan algunos orteguistas con total descaro, pues el robarse elecciones ha pasado de ser un grave delito, a ser una gracia, celebrada en los pasillos del poder político de Nicaragua.

El fraude se ha cometido, no por que los fiscales de los partidos políticos no se han rifado defendiendo el voto, pues muchos de ellos fueron amenazados y golpeados en elecciones pasadas. El fraude se ha cometido por que el orteguismo controla todo el engranaje electoral.

En el 2008 se robó las elecciones mediante la falsificación de actas; en el 2011 se robó las elecciones mediante el doble voto y la falsificación de las sumas aritméticas, municipio por municipio, en un acto tan escandaloso que las cifras no se publicaron por que nunca cuadraron. Ahora, seguramente, se robarán las elecciones en el lugar más oculto, en el disco duro de las computadoras ya designadas, las que ya tienen los datos de cuántos votantes llegarán y qué resultados se obtendrán municipio por municipio, para tratar de evitar el relajo de los fraudes anteriores. Ahora quieren uno más limpio, como el acto del carterista hábil que nos saca la cartera de la bolsa sin darnos cuenta.

Lo que pase el domingo, como en 2008 y 2011, no será culpa de los fiscales, de los que voten o de quienes no votemos. Seguirá siendo responsabilidad del orteguismo. Y no debemos equivocarnos en eso. Lo que si es responsabilidad de todos y todas, es rechazar el fraude, votando o no. 

Es responsabilidad común, organizarnos y movilizarnos para lograr verdaderas elecciones, no dedazos.  Es responsabilidad de todos, luchar, movilizarnos para desterrar la concentración de poder, el fraude, la corrupción y la impunidad rampante en las instituciones nicaragüenses. Pasado el día domingo, ese será el reto que tendremos frente a nosotros, votemos o no votemos.