jueves, 1 de noviembre de 2012

Votar o no votar. Un falso dilema.


Desgraciadamente, votar o no votar es el dilema que nos planteamos en estos días previos al próximo domingo 4 de noviembre.  Ese dilema no existiría, de no haberse cometido dos gigantescos fraudes electorales, en 2008 y en 2011. No habría duda en ir a votar, si el sistema electoral fuese independiente y honesto, si las elecciones fuesen transparentes y limpias, si la competencia fuese justa.

Pero estas no son elecciones, sino el acto necesario de consagración de la voluntad de la familia que concentra el poder en Nicaragua que ya anunció que va por más del ochenta por ciento de las municipalidades, con los votos o sin los votos, en una cuenta que ya tienen registrada en sus libretas, los funcionarios ilegales del desprestigiado Poder Electoral. 

"Tal vez les dejamos unas diez alcaldías" se ufanan algunos orteguistas con total descaro, pues el robarse elecciones ha pasado de ser un grave delito, a ser una gracia, celebrada en los pasillos del poder político de Nicaragua.

El fraude se ha cometido, no por que los fiscales de los partidos políticos no se han rifado defendiendo el voto, pues muchos de ellos fueron amenazados y golpeados en elecciones pasadas. El fraude se ha cometido por que el orteguismo controla todo el engranaje electoral.

En el 2008 se robó las elecciones mediante la falsificación de actas; en el 2011 se robó las elecciones mediante el doble voto y la falsificación de las sumas aritméticas, municipio por municipio, en un acto tan escandaloso que las cifras no se publicaron por que nunca cuadraron. Ahora, seguramente, se robarán las elecciones en el lugar más oculto, en el disco duro de las computadoras ya designadas, las que ya tienen los datos de cuántos votantes llegarán y qué resultados se obtendrán municipio por municipio, para tratar de evitar el relajo de los fraudes anteriores. Ahora quieren uno más limpio, como el acto del carterista hábil que nos saca la cartera de la bolsa sin darnos cuenta.

Lo que pase el domingo, como en 2008 y 2011, no será culpa de los fiscales, de los que voten o de quienes no votemos. Seguirá siendo responsabilidad del orteguismo. Y no debemos equivocarnos en eso. Lo que si es responsabilidad de todos y todas, es rechazar el fraude, votando o no. 

Es responsabilidad común, organizarnos y movilizarnos para lograr verdaderas elecciones, no dedazos.  Es responsabilidad de todos, luchar, movilizarnos para desterrar la concentración de poder, el fraude, la corrupción y la impunidad rampante en las instituciones nicaragüenses. Pasado el día domingo, ese será el reto que tendremos frente a nosotros, votemos o no votemos.

 



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